Mi navidad, hoy y ayer
Eran las 3:00 de la mañana del 25 de diciembre cuando mi amigo, casi hermano y familia dice: esto no parece navidad, en mi mente digo tiene razón, acostumbrados a la bulla, el jelengue los ruidos de los cuetes los abrazos con la familia con los vecinos y toda la vecindad, escuchar aquellas canciones que nunca pasaran de moda como la bala de los hermanos flores o aquella de corta venas de el bukis, otro año ya se ha ido, cuantas cosas han pasado, algo hemos aprendido… llega navidad y yo sin ti en esta soledad….
lo feliz que éramos cuando pequeño, como esperábamos las 12, para salir todos los vecinos, y si había alguien molesto y en todo el año no se habían hablado, no importaba porque estábamos en época de reconciliación de amor y paz, se podía ser una tregua o un cese al enojo, y no podía faltar aquellos se aprovechaban abrazando a rey mundo y medio mundo, aquel que se había quemado o aquel que se había emborrachado, aquel niño llorón o aquellos que se ponían melancólicos
Lo que me gustaba era esperar a mi padre llegar un domingo antes del 24 con los cuetes para mi hermano y yo, las estrellitas para mi hermanita, para en la noche jugar con los vecinos de hacer guerra tirándonos los cuetes y saltando de un lado a otro, ahhh eso si no encendíamos cigarros para encenderlos mi papa era precavido y nos daba una vela que a veces con el viento se apagaba y teníamos que volver a encender
Como siempre no puede faltar, el estreno, desde temprano vestirse para la ocasión tan especial, ver a mi mama cocinar los panes con pollo y hacer los famosos sanguches, las vecinas compartiendo de lo que habían hecho.
Sentir aquella alegría, aquel espíritu de una verdadera fiesta, y no era por regalos, juguetes, ni mucho menos por la comida, sino por el deseo de todo mundo: gritar, reírse, gozarse y esperar después de las 12 las fiestas y bailar, si confieso que una de las dos veces que he bailado, la primera vez fue en navidad
al día siguiente ya se sabía, que mas de alguien tenía preparado una excursión para ir a la playa, todos a bañarnos después de dormir en el camino, porque la noche no nos alcanzó,
lo más importante para mí era el momento donde subía al techo de la casa, para querer ver las estrellas como aquella que los reyes magos vieron, o si no se podía ver por el humo de los cuetes, tener esa conversación tan personal con Dios, con el niño Jesús, de agradecerle por el año que habíamos pasado en la escuela, por la familia que me había dado, por los nuevos deseos para el nuevo año o aquel muy especial donde nos arrodillamos en medio de la casa y oramos.
El mayor regalo que he recibido ha sido mi familia (abuelos, tíos, primos), mis padres mis hermanos, lo que hemos vivido, lo que hemos pasado año tras año, ese ha sido mi mejor regalo que no lo cambio por nada, que felices navidades las que he pasado, navidades que quedaran siempre en el recuerdo de mi mente y corazón
Y hoy con el conocimiento de que la navidad es el cumpleaños de Jesús, Emanuel Dios con nosotros!!!